Sin Engaños

Terminamos esta semana de reflexión acerca de ser transformado por el Espíritu Santo, con la invitación que nos hace la Palabra de quitarnos los velos que obstruyen nuestra visión o que representan un engaño. Sin mentiras y con corazones humildes podremos contemplar con claridad la gloria de nuestro Señor.

Lectura Bíblica

2 Corintios 3:13-18 BLP
“13 Pues no es nuestro caso el de Moisés, que se cubría el rostro con un velo para evitar que los israelitas contemplaran el apagarse de un resplandor perecedero.
14 A pesar de todo, sus mentes siguen ofuscadas y el velo aquel, que sólo Cristo puede destruir, permanece sin descorrer hasta el día de hoy cuando leen las Escrituras de la antigua alianza.
15 Hasta hoy, efectivamente, un velo nubla su mente siempre que leen a Moisés;
16 sólo cuando se conviertan al Señor, desaparecerá el velo.
17 Y es que el Señor es el Espíritu, y donde está el Espíritu del Señor hay libertad.
18 En cuanto a nosotros, llevando todos el rostro descubierto y reflejando la gloria del Señor, vamos incorporando su imagen cada vez más resplandeciente bajo el influjo del Espíritu del Señor”.

Reflexionemos

El orgullo, el miedo, el pecado o las expectativas propias, la mentira, etc. se levantan como “velos” en nuestra vida que nos impiden ver la verdad de Dios en toda su magnitud.
En la lectura de hoy, el Espíritu Santo nos llama a quitar todo velo para que cuando vamos a Dios, en la intimidad, en nuestro tiempo a solas con el Padre, lleguemos sin mentiras, sin excusas para autoengañarnos a nosotros mismos o pensar que podemos engañar a Dios.

Quitar el velo habla también de ser sinceros a Dios, transparentes y mirarlo a Él. Cuando nos acercamos a Dios con humildad y sinceridad, dispuestos a creer en su Palabra permitimos que Su Espíritu Santo trabaje en nosotros y remueva las barreras que nos separan de Él.

Al contemplar la gloria de Dios sin velos, descubrimos la libertad de ser auténticos, sin miedo a ser juzgados o a juzgar a otros. Nuestra transformación se manifiesta en nuestro actuar, nuestras palabras y en la manera en que amamos a nuestros semejantes.

Tú y yo somos llamados a reflejar la imagen de Cristo en todo momento, convirtiéndonos en instrumentos de bendición para aquellos que nos rodean.
Sigamos cada día siendo transformados por el Espíritu de Dios y seamos instrumentos vivos de Dios para testificar, tocar vidas y encender en otros el deseo de acercarse al Padre sin reservas.

Oración: 

Amado Dios, te pido que me des el valor y la sinceridad para despojarme de todo velo y autoengaño que me ha separado de ti.
Abrazo tu Palabra y tu verdad. Decido acercarme a ti en humildad y transparencia a deleitarme en tu gran amor.
¡Eres maravilloso!

 

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